María Ángeles Cordero Escolar ha trabajado en el Colegio “Marqués de Vallejo” durante 40 años, desempeñando distintas funciones. Tras este curso 2020/2021, se jubila y tiene que despedirse de la que ha sido “su casa” durante tanto tiempo.

Desde la APHGC recuperamos un fragmento de la entrevista que le realizamos para conmemorar el 135 aniversario del “Marqués de Vallejo”. La entrevista completa estará disponible en la revista “Las 40 Fanegas” núm. 23.

Para comenzar, cuéntanos, ¿cómo llegaste a “El Juncarejo”?

Fui alumna. Entré con 11 años. Era alumna externa, iba y venía todos los días. Luego, me fui a Madrid a seguir estudiando.

La Hija de la Caridad que daba clases en FP enfermó y me llamaron para hacer la sustitución. Yo había hecho oposiciones a banca y estaba esperando la resolución. Acepté pensando que sería temporal. Vine a dar clases durante 3-4 meses, aprobé la oposición y estaba pendiente de destino. Entonces, me llamaron de la Asociación para que me quedara. Mis padres me convencieron porque el puesto más cercano que me podía tocar con la oposición era en Segovia. Así que dije que iba a probar y la prueba ha durado ¡40 años!

En la actualidad, tu trabajo es muy diferente al que te ofrecieron al principio, ¿cómo fue ese cambio?

Cuando yo entré a trabajar aquí había Formación Profesional (FP) y estaba de profesora. A continuación, se instauró una corriente que quería que el internado (en el colegio) fuera el hogar y los niños y niñas internos realizaran los estudios fuera. De este modo no se mezclaba lo que habían hecho en el internado con lo que habían hecho en clase. Entonces, nos reunieron en la Asociación. Me dijeron que si me quería quedar de colaboradora para ayudar a las niñas y a la directora en lo que necesitaran. Les dije que sí, y así me quedé.

Con el tiempo, he estado durante temporada llevando la parte administrativa y cuando las monjas empezaron a bajar en número en el colegio (año 90 aproximadamente) empecé con la secretaría. Poco a poco me he quedado solo con la secretaría porque la burocracia cada vez era más grande hasta el punto que, ahora mismo, yo sola no la podría llevar.

¿Qué destacarías del colegio “Marqués de Vallejo”?

A parte de la tradición, los padres lo que piden es la cercanía, el saber que estamos aquí. Y que no solamente se educa culturalmente. Un centro puede ser muy exigente con los conocimientos, pero aquí hemos priorizado siempre, desde las Hijas de la Caridad, el hacer “personas del mañana”, es decir, que sean personas en las que se pueda confiar, que sean buenas personas. A mí eso me enorgullece. Creo que lo más importante es hacer buenas personas. No todo el mundo tiene las mismas capacidades y también hay que adaptarse a eso. Tiene que haber de todo, médicos y fontaneros. Todos son necesarios. Y si eres buena persona, donde vayas, va a funcionar.

Es cierto que ahora hemos subido más nuestro nivel y la mayoría optan por hacer una carrera universitaria, aunque muchos también entran en la Guardia Civil o la Policía. Por ejemplo, el año pasado, las dos mejores notas de la EvAU fueron de este colegio. Otro ejemplo es que, el año pasado, fue el primer año que salieron alumnos de la Academia General y, el número uno de la promoción fue alumno de este centro.

La verdad es que los profesores son muy cercanos y funcionan muy bien con los alumnos. Hay mucha implicación de profesores y familias, mucha comunicación. Todo eso lo percibe el alumno y sabe que “no tiene escapatoria”.

Una cosa muy buena que tiene el claustro (bueno, y todo el personal del colegio en general) es que somos capaces de absorber y de enseñar a los que vienen. Me refiero a que, a la persona nueva, le imprimes un poco el espíritu del colegio en su vida. Se adaptan y están encantados. Aquí hay muchísima implicación y la colaboración entre todos es fundamental. Diría que ese es el espíritu del colegio. Y tengo que decir también que Pablo, el director) tiene mucha “culpa” en eso porque lleva genial el inculcar ese espíritu.

Volviendo a tu trayectoria, en el año 2019 la Asociación Pro Huérfanos te concedió la medalla al Mérito de la Guardia Civil, ¿qué pensaste cuando te dieron la noticia?

Para mí ha sido un orgullo. Porque no la puedo llevar puesta todos los días que, si no, iría con ella a todas partes. Para otros quizá no tendrá el mismo significado, pero para mí fue una manera de reconocer mi trabajo. He colaborado con todas las directoras que han pasado por aquí, sigo teniendo relación con ellas por teléfono y para mí eso significa que nuestra relación ha sido buena.

El orgullo es saber que alguien ha valorado tu trabajo y tu colaboración con el Colegio y han decidido agradecértelo con esa medalla.

Yo siempre he defendido la Asociación por encima de lo demás. Había padres que confundían la APHGC con la Asociación de Antiguos Alumnos y eso me daba coraje porque pensaban que el dinero se gastaba en temas que nada tenían que ver con los huérfanos. Pero no, siempre explico la diferencia, no son la misma asociación y me gusta contar lo que hace la Asociación con los huérfanos de los guardias civiles. Esta es una labor, por ejemplo, que no se ve, pero que hay que hacer. Hay que ir dejando la semilla. Era algo que nadie me pidió que hiciera, pero lo hacía porque esto es mi casa y la defendí siempre. Lo hice siempre encantada y no haces estas cosas para que te lo agradezcan. Sin embargo, pero cuando el Coronel me dijo lo de la medalla me hizo muchísima ilusión.

Honradamente creo que me la he ganado con mi trabajo y eso es un motivo de satisfacción. Para mi madre ni te cuento, estuvo llorando una semana de alegría. El día que se lo dije no comió porque decía que se le había cerrado el estómago de la emoción.

Además, los profesores me prepararon una sorpresa y reunieron a los niños en la capilla. Me llamaron para que fuera y, cuando llegué, ahí estaban todos. Me hicieron entrega de una medalla que habían hecho ellos. Me emocioné muchísimo. Ves a tus compañeras que, con ese homenaje, te están agradeciendo tu trabajo y me hizo mucha ilusión.

Y, ¿cómo te sientes sabiendo que este será tu último curso escolar aquí?

Me voy a jubilar y tengo un sentimiento de pena grandísimo porque esto es mi casa. Y me he preocupado de esto como si fuera mi casa. Hablo de ello y se me saltan las lágrimas. Abandonar este barco me da mucha pena porque aquí he sido muy feliz. He tenido las mías, no todo ha sido un camino de rosas y he trabajado sin horarios en algunos momentos, pero lo he hecho porque quería, y me ha dado muchas alegrías.

Tengo sentimientos encontrados. Voy a echar de menos a los niños, a los profesores, a los padres…todo, absolutamente todo.

Muchas gracias por tu tiempo y, sobre todo, por tu labor en esta Asociación. Desde aquí te deseamos lo mejor en esta nueva etapa que comienzas.